OPINIÓN

PASEMOS PÁGINA: EL SUTIL ARTE DE HOJEAR.

POR SALVADOR LEÓN NAVARRO. 2º DE BACHILLERATO C.

¿Por qué he de creer que una tableta con letras en su interior es un libro? ¿Por qué he de creerlo? Millones son las personas que a día de hoy se suman a la moda (esperemos que pasajera) del e-book o libro digital: un artefacto por todos conocido que presume de poder guardar en su interior multitud de obras. Este invento ha sido promocionado como una nueva y revolucionaria manera de entender la lectura, pero ¿realmente entiende la lectura quien está dispuesto a abandonar el papel en favor de estas tabletas con pretensiones de libro?

Es cierto  que el ahorro de espacio es más que evidente, pero el precio a pagar es demasiado alto. Con la llegada del e-book despojamos de cualquier tipo de solemnidad a cualquier obra que la merezca, especialmente a los grandes clásicos y tomos de grandes volúmenes que, si algún día fueron escritos para poblar de manera orgullosa la estantería de un ilustre lector, hoy se ven reducidos a un volumen no mayor que el de la profundidad de un charco, al alcance de cualquiera que pueda creer que Guerra y Paz cabe en el bolsillo de una chaqueta.

El e-book es una simulación del libro que poco conserva de la esencia del mismo: se lleva consigo el cada vez menos frecuente sonido del hojeo, el olor a papel nuevo, o antiguo, y hace del arte de pasar páginas en una edición impresa el miserable gesto de pulsar en extremo de la pantalla. Leer una obra en formato digital y decir que se ha leído es el equivalente a decir que nos hemos montado en una nave espacial tras bajarnos de una montaña rusa.

Obviando el hecho de que nuestro cerebro prefiere el papel, ya que la fijación del contenido es mayor si la información se encuentra redactada en él, otro inconveniente del e-book es la cantidad de puertas que abre a la descarga ilegal. Leer tiene su precio y siempre deberá tenerlo, pero la triste realidad nos dice que la Literatura se ha visto pervertida y convertida en un mar de piratas como ya ocurrió con la Música o el Cine. Entre sus desventajas también se encuentra su increíble fragilidad: ¿Dónde quedarán los libros que el lector digital dice poseer cuando su nuevo juguete se golpee, averíe o caiga en la trampa de la obsolescencia programada?

Hay quienes, como excusa, utilizan el precio de los libros en papel para justificar su paso al marco digital, sin recordar que existen tanto bibliotecas en las que los libros están al servicio de todo el  que lo necesite, como librerías sumamente económicas, donde incluso a veces podemos encontrar verdaderas joyas de segunda y primera mano que apenas pasan del euro.

Quien lee en e-book parece no querer leer, parece obligarse, camuflando el texto con la última chuchería tecnológica e intentando ocultarse a sí mismo que lo que hace es leer un libro, ¿por qué? Tal vez porque la idea de libro quede para ellos obsoleta, como si de un adorno antiguo y desfasado se tratase. Quien lee en e-book parece no querer ni saber leer, ya que si realmente quisiera o supiese, preferiría leer en papel.

Nuestra realidad se desenfoca por el impacto deslumbrador de los LED de las pantallas  a las que, aunque tanto debemos, nos quitaron (y parecen seguir quitándonos) tanto, creando un camino confuso y distorsionado de manera infame. En nuestro presente, en el que la conquista digital es una realidad más que evidente, sólo queda esperar que el romanticismo impreso en el papel persista frente a la insulsa industria de la realidad pasada por el filtro de la pantalla. Mientras tanto hojeemos, y disfrutemos del cada vez más extravagante placer de la lectura entregándonos al universo que nos ofrece cada libro,  dispuestos a pasar página si estas son de papel.