CONCURSO LITERARIO

XXVI CONCURSO LITERARIO DEL I.E.S. ISBILYA. CURSO 2016-2017.


CONCURSO LITERARIO: PRESENTACIÓN. 
POR MERCEDES VEGA GALLO. 3º DE ESO.


Bueno, ¿a qué esperamos? Démosle comienzo a nuestra sección de concurso literario. Pero, primero de todo, ¿sabéis de lo qué estamos hablando? 
Sí, exacto, eso es, de la literatura ni mucho menos. Todos sabemos las posibilidades de imaginación y originalidad que nos ofrece para hacer de las más interesantes, personales y divertidas composiciones. Es, digámoslo así, un mundo aparte donde todo el mundo es libre y tiene esta libertad para expresarse acorde con sus pensamientos, emociones, sensaciones... Sin embargo, esta vez no estamos para contemplar multitud de opciones en campos distintos. El jurado se nos presenta con nuevos retos y nuestros "pequeños escritores" están dispuestos a darlo todo y a dejar paso a una fuente de personalidad y creación increíbles. Personalmente, un trabajo excepcional el realizado y marca de una literatura llena de vida y profundidad que siempre será recibida con los brazos abiertos. Como decía Cervantes: "El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho."
Pues, ya con lo mencionado, adentrémonos un paso más allá sobre cómo han tenido que elaborar dichas composiciones. 
En primer lugar, dependiendo del curso a seguir:
1º y 2º ESO: Los de primer curso han tenido que trabajar sobre el retrato de un personaje real o ficticio mientras que los de segundo se han ocupado de realizar un relato de ficción real en el que algún elemento mágico intervenga en el desarrollo de la vida real.
En este ámbito se han proclamado ganadores:
-1er premio: Miguel Caro Torregrosa (2º ESO B)
-2º premio: Rubén Bastos Aliaga (1º ESO A)
3º y 4º ESO: Los de tercer curso han tenido que hacer una pequeña narración a partir de uno de los motivos fantásticos de la narrativa árabe tradicional que aparecen en el apéndice de La espada y la rosa, uno de los libros que han estado leyendo a lo largo del curso. Por otro lado, los de cuarto se han tenido que manejar dentro del universo del terror originando un relato, más bien, para asustarse.
En este ámbito nos encontramos como ganadores:
-1er premio: Mercedes Bolaños Sevillano (4º ESO B)
-2º premio: Santiago García Callejo (3º ESO B)
-Mención honorífica: Violeta Díaz Recio (3º ESO B)
Bachillerato y ciclos F.P.: Ambos han estado en manos de la poesía cuyo tema era a elección del escritor, en otras palabras, libre.
En este ámbito los ganadores han sido:
-1er premio: Gabriel Ferreras Garrucho (2º BACH. A)
-2º premio: Julia Benítez Martín ( 1º BACH. B)

Aquí os dejamos los trabajos ganadores.

XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: PRIMERO Y SEGUNDO DE ESO. 
PRIMER PREMIO: MIGUEL CARO TORREGROSA. 2º B DE ESO. 

El señor y la señora Smith podían presumir de tener una vida feliz, una casa magnífica en Nueva York, concretamente en el número 4 de la Quinta Avenida, y dos hijos llamados Edward y Caroline, los cuales eran mellizos y tenían catorce años.
  El señor Smith, como cada día, fue a trabajar a la fábrica de electrodomésticos en la que llevaba dieciséis años trabajando. Todo transcurrió con normalidad durante la mañana de aquel 26 de mayo, hasta que el señor Mathews, su jefe, lo llamó a su despacho.
-¿Ocurre algo, señor Mathews? –dijo nervioso el señor Smith- ¿He hecho algo mal?
-Para nada, Walter, eres uno de nuestros mejores trabajadores, precisamente por eso estás aquí, he decidido inaugurar una nueva fábrica en Chicago, me encantaría que fueras el director.–dijo satisfecho el señor Mathews.
-Eso sería un honor, señor, pero no puedo, no estoy en una buena situación económica para comprar una casa en Chicago, además mis hijos tienen aquí a sus amigos y son muy felices. 
-No te preocupes, yo te proporcionaré una magnífica casa y pagaré el mejor de los colegios de Chicago para tus hijos, seguro que allí encuentran nuevos amigos. Hablemos de tu nuevo sueldo, si es que aceptas. 
-¿De cuánto estaríamos hablando? –preguntó interesado el señor Smith.
-53 000 dólares al mes, ni uno más, ni uno menos. ¿Aceptas? 
-Lo hablaré con mi familia, mañana a primera hora le comunicaré mi decisión. Muchas gracias. 
-Adiós, Walter. 
El señor Smith fue hacia el aparcamiento, entró en su coche, un Mercedes-Benz que le regaló la empresa hacía ya un año por sus 15 años de servicio, arrancó el coche y fue directo a su casa.
-Cariño, Edward, Caroline, ya estoy en casa, tengo que hablar con vosotros –dijo el señor Smith en un tono muy serio.
-¿Qué pasa, Walt? –preguntó interesada la señora Smith.
-El señor Mathews va a abrir una nueva fábrica en Chicago, y quiere que yo sea el director, me va a proporcionar una casa allí y pagará el colegio para nuestros hijos, quería saber vuestra opinión antes de aceptar –dijo el señor Smith.
-¡ME NIEGO ROTUNDAMENTE! –dijo enfadado Edward.
-¡PAPÁ, NI SE TE OCURRA ACEPTAR! –dijo igualmente enfadada Caroline.
-¿Cuánto cobrarías? –preguntó la señora Smith.
-53 000 dól...
-¿Al año? –le interrumpió la señora Smith.
-53 000 dólares al mes. –dijo alegremente el señor Smith.
-Dios mío, Walter, eso es fantástico, debes aceptar. –dijo la señora Smith muy contenta.
-Dejemos que decidan los niños –dijo el señor Smith, mirando a los mellizos.
-Está bien –exclamaron ambos dándose cuenta de la situación.
A la mañana siguiente, Walter Smith fue más decidido que nunca a la fábrica para comunicarle al señor Mathews su decisión.
-Hola Walter, ¿qué tal? ¿Has tomado una decisión? 
-Sí, señor Mathews, he decidido aceptar su oferta, le agradezco muchísimo el haberme brindado esta tan buena oportunidad. 
-Bien, aquí tienes todos los detalles, –le entrega un sobre de color azul violáceo- dirección de la casa, las llaves de esta, matrículas para el nuevo colegio de tus hijos y otras direcciones y teléfonos que necesitarás también. Ah, se me olvidaba, también están los billetes de avión, de primera clase por supuesto. Te irás la semana que viene, así tendrás la oportunidad de despedirte y dejar todo en orden.
-Muy bien, señor Mathews, gracias por todo.
Walter fue a la que durante dieciséis años había sido su oficina y abrió el sobre. En él encontró un papel con la dirección de la casa y las llaves, dos sobres más pequeños que Walter supuso que eran las matrículas de sus hijos, un papel en el que venían direcciones de centros comerciales, restaurantes, supermercados y otros puntos de interés y finalmente un papel en el que aparecía el teléfono de la policía local de Chicago, bomberos y emergencias; todo estaba muy bien ordenado y Walter se preguntaba cómo habían cabido tantas cosas en aquel sobre.
              A la semana siguiente, la familia Smith ya tenía todo preparado y todos estaban listos para irse. Fueron en taxi al aeropuerto; a las cinco y media de la tarde despegó el avión y cuatro horas y veinte minutos después llegaron al aeropuerto de Chicago. Allí les esperaba un coche, que les llevó hasta las afueras de la ciudad, donde estaba su nuevo hogar. Quedaron asombrados con la casa: era una casa enorme de dos plantas, cuatro baños, dos cocinas, dos comedores, doce habitaciones y un salón gigantesco con una televisión que ocupaba casi toda la pared.
-Dios mío –exclamó Walter.
-Es enorme –añadió su esposa.
-¡Es la mejor casa del mundo! –dijo Edward.
-¡Increíble! –terminó Caroline.
-Vamos a explorar un poco la casa –dijo Edward.
-Yo te acompaño, Ed, que mamá y papá se encarguen de deshacer las maletas, que nosotros en principio no queremos estar aquí –dijo en tono contundente Caroline.
Los dos hermanos fueron de habitación en habitación, empezando por la planta de arriba, fijándose en cada detalle de aquella magnífica casa que parecía de película de Hollywood. Todo era normal hasta que se fijaron en que bajo las escaleras había una puerta que aparentemente llevaba a una alacena.
-¡Ahí va! ¿Entramos? –dijo Edward.
-No creo que sea una buena idea, seguro que no hay nada bueno ahí dentro, como dice el refrán, la curiosidad mató al gato –añadió Caroline.
-¡Eh, que a mí no me ha matado la curiosidad! –dijo una voz desde el otro lado de la puerta.
-¿Has…has oído eso, Caroline? –dijo atemorizado Edward.
-Claro que lo he escuchado, entremos a ver lo que hay dentro -dijo en tono serio Caroline.
Abrieron la puerta muy despacio y entraron. En aquella alacena había muchas telarañas y chismes que parecían de dos o tres siglos atrás. Miraron de lado a lado y no vieron a nadie.
-Habrá sido nuestra imaginación, aquí no hay nadie –dijo Edward aliviado.
-No tenemos las mentes conectadas, Edward, aquí tiene que haber alguien –le contestó Caroline.
-La chica tiene razón, no ha sido vuestra imaginación, he sido yo –dijo la misma voz de antes.
-¿Y tú quién eres y que haces en nuestra casa? –dijo enfadado Edward.
De repente, un gato salió de detrás de un armario y, sorprendentemente, habló.
-¿Cómo que vuestra casa? Esta es mi casa –dijo el felino.
-¡Caroline, el que hablaba era un gato! ¿Cómo puede ser posible? –dijo Edward.
-No lo sé, Ed, pero esto es muy raro, si se lo decimos a mamá y a papá pensarán que estamos locos –dijo muy seriamente Caroline y su rostro se volvió pálido.
Los chicos le contaron al gato todo lo ocurrido la semana anterior para ver si tenía una explicación.
-A ver, os lo voy a explicar: hace treinta y cuatro años, John Mathews, el jefe de vuestro padre que en aquel entonces era un niño de doce años, me compró en una tienda de animales a unos dos kilómetros de aquí. John siempre estaba solo y no tenía amigos, así que su padre, que era un reconocido científico, decidió alterar mi ADN para que tuviera cualidades humanas, es decir, poder hablar y tener la misma esperanza de vida que ellos. John era muy bueno conmigo, sin embargo, dos años después, el padre de John murió de un terrible cáncer de pulmón, y fue entonces cuando John y su madre se mudaron a Nueva York y me abandonaron aquí. En ese momento aprendí que los humanos eran los seres más crueles del planeta. Ayer, treinta y dos años después, entraron humanos en esta casa, trajeron muebles y aparatos electrónicos y por eso me escondí aquí en la alacena –dijo el gato en un tono muy serio.
-¿Y de qué te has estado alimentando todos estos años? –preguntó Edward.
-De ratas y arañas. Ha sido horrible, pero era más fácil que salir a la calle y buscar humanos buenos que me adoptaran –respondió tristemente el gato.
-Qué maleducados somos, no te hemos preguntado tu nombre –dijo Caroline.
-Ya no recuerdo mi nombre, he estado demasiado ocupado en sobrevivir –añadió el gato.
-Está bien, entonces nosotros te pondremos un nombre, ¿qué te parece Oliver? –dijo Edward.
-Dejemos que él elija su propio nombre, Edward; al fin y al cabo puede hablar –dijo enfadada Caroline.
-No tienes derecho a regañarme, Caroline, solo naciste tres minutos antes que yo –dijo igualmente enfadado Edward.
-Me gusta Oliver, muchas gracias Edward –dijo contento el gato.
-Muy bien Oliver, te tendremos en secreto, pues tanto nuestro padre como nuestra madre son alérgicos a los gatos. Te traeremos comida y pasaremos un rato contigo todos los días –dijo Caroline.
Al día siguiente, el señor Smith tuvo su primer día como director de la nueva fábrica de electrodomésticos y los chicos fueron por primera vez a su nuevo colegio. 
-¡Ya está la comida! –dijo efusivamente el señor Smith.
Todos se sentaron a la mesa.
-¿Qué tal vuestro primer día de colegio, chicos? –preguntó la señora Smith.
-Quitando que el señor Schreider, el profesor de química, ya me odia, ha estado bien –dijo Edward.
-Es que se dice hidrógeno, no hidrogeno, normal que se enfade –dijo con tono burlón Caroline.
-Pues debería enfadarse contigo por ser una sabelotodo insufrible –dijo muy enfadado Edward.
-Venga, chicos, relajaos –dijo con suavidad la señora Smith.
-¿Cómo va lo de buscar trabajo, Molly? –preguntó interesado el señor Smith.
-He echado varios currículos, pero tampoco hay prisa –respondió la señora Smith.
-Mi primer día también ha ido bien, mucho papeleo pero estoy muy contento –dijo el señor Smith.
Caroline y Edward hicieron las paces por su pelea en la comida y fueron a buscar comida para Oliver.
-Oliver, ya estamos aquí, te traemos comida y agua –dijo Edward.
-Muchas gracias, llevaba años sin llevarme comida buena a la boca, me encanta la comida humana, la de gato sabe fatal –dijo Oliver llevándose un trozo de pan a la boca.
-De nada, a partir de ahora todos los días podrás comer comida de verdad –dijo Caroline con una sonrisa en la cara.
Durante las siguientes tres semanas Caroline y Edward le llevaron comida y agua a Oliver.
-Hola, Oliver, te traemos la comida de hoy –dijo Caroline.
-Chicos, tenéis que llevarme a Nueva York, quiero hablar con John Mathews –dijo muy seriamente Oliver.
-¿Estás loco? ¿Cómo quieres que te llevemos allí? –dijo Edward.
-Decidle a vuestros padres que queréis ir a ver a vuestros antiguos amigos, les dará pena y os llevarán un fin de semana, también tendrán algo que hacer allí –dijo con seguridad Oliver.
-Lo intentaremos –dijo Caroline con esperanza.
Al día siguiente, los chicos fueron a comunicarle a Oliver una muy buena noticia.
-¡Oliver! ¡Prepárate! ¡Nos vamos a Nueva York! –gritó Edward muy contento.
-Supongo que no podré viajar en el avión con vosotros, así que iré en una de vuestras maletas, sé cómo burlar el control de equipaje –dijo Oliver muy decidido.
Esa misma noche llegaron a Nueva York y al día siguiente el señor Smith decidió ir a ver a su jefe.
-¡Vamos contigo, papá, también queremos agradecerle al señor Mathews su amabilidad! –gritó Edward.
Llegaron al despacho del señor Mathews y Edward abrió la mochila en la que llevaba a Oliver. El gato salió de la mochila y en un abrir y cerrar de ojos se transformó en un hombre de unos setenta u ochenta años.
-¿Papá? ¡Estás vivo! –dijo el señor Mathews mientras una lágrima caía por su mejilla.
-Sí, ahora que estoy en los últimos momentos de mi vida, quería verte por última vez. Creo que les debo una explicación a estos chicos. Cuando era científico, me transformé a mí mismo en gato, no alteré el ADN de ningún gato, pero al ver a mi hijo sumido en la soledad, me transformé en gato para poder pasar más tiempo con él y poder ver de nuevo en su cara la felicidad –dijo el anciano sonriente, y tras esto, falleció en paz.

XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: PRIMERO Y SEGUNDO DE ESO.
SEGUNDO PREMIO: RUBÉN BASTOS ALIAGA (1º ESO A).

EL HOMBRE AUTÓTROFO

James era un hombre que hacia la fotosíntesis. Sus pelos eran hojas, su tallo era el cuerpo, en vez de tener venas tenía vasos conductores, su sangre era savia bruta y sus uñas eran raíces. Por lo demás era igual que un hombre. No daba frutos ni tenía flores.
Sus células eran mezclas de las de plantas y personas; eran eucariotas y estaban compuestas de: núcleo, aparato de Golgi, vacuola, membrana plasmática, cloroplastos, mitocondrias...
Yo personalmente no lo conocí, pero la gente me decía que era muy buena persona y simpático. Era muy alto y delgado, medía un metro con noventa y cinco y pesaba unos cincuenta y cinco kilogramos. Desde el punto de vista femenino dicen que era feo y su color de piel era normal, con un pequeño tono verde.
Debido a que tenía cloroplastos, se nutría con la fotosíntesis. Se relacionaba como una persona normal y corriente. Y su respiración también era igual a la de las demás personas.
Tenía el color de sus iris de color verde debido a que era mitad planta; sudaba por el pelo y conseguía las sales minerales quitándose los calcetines y clavando las uñas en la tierra y absorbiendo. De la misma manera bebía agua. Era muy listo y resistente al fuego.
La gustaba tomar el sol, aunque no mucho tiempo porque se deshidrataba. Se reproducía asexualmente mediante esporas.
La piel era de madera y podía alargar sus extremidades muy rápidamente. Su espacie está en peligro de extinción debido a que quienes los encuentran creen que son monstruos y los matan.
Él no se casó jamás, pero tuvo cinco hijos debido a que se reproducía asexualmente. Su especie es más nueva que los humanos y son aproximadamente del cuarenta mil antes de Cristo. La especie se llama “Annihilation’’.
Murió el veinticinco de mayo del año pasado a manos de la especie más enemiga: las termitas.

XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: TERCERO Y CUARTO DE ESO. 
PRIMER PREMIO: MERCEDES BOLAÑOS SEVILLANO (4º ESO B).

ALGUIEN MÁS

Cuatro menos diez de la mañana. Siempre me despertaba a las cuatro menos diez de la mañana. No sé cuándo comenzó, solo sé que se convirtió en una especie de hábito.
Una de las noches, siguiendo mi rutina nocturna habitual, me levanté para saciar mi intensa sed. También apreciaba una notable presión en mi vejiga, pero tengo un sexto sentido que me hace reacia a ir al baño en plena noche, así que me dirigí directamente a la cocina. Busqué un vaso, lo llené hasta el borde y justo cuando fui a dar el último sorbo, el vaso simplemente se escapó de mis manos y se estrelló contra el suelo, provocando un fuerte estruendo y una lluvia de cristales rotos.
No, no se resbaló, alguien me lo arrebató, pude sentirlo claramente pero ¿qué sentido tenía pensar en eso? Creo en algunos fenómenos paranormales y cosas del estilo pero siempre me ha parecido mejor mantenerme lo más alejada posible de ello, creo que no son asuntos con los que se debería bromear.
No mentiré, lo del vaso realmente me asustó, pero soy una chica estoica así que mantuve la calma e hice como si nada hubiera pasado. De hecho, no era la primera vez que algo extraño me sucedía.
Me tomé un momento para meditar sobre todo aquello pero finalmente decidí dejar los trozos de cristal en el suelo, lo sé, soy una perezosa, pero ya los recogería mañana, solo esperaba que a nadie se le ocurriera ir a la cocina durante la madrugada. Mi madre se pondría hecha una furia si se enterase de que había roto uno de los vasos de su preciada vajilla y ahora esta quedara incompleta.
Regresé a mi habitación evitando mirar hacia el baño. Cómo odio que dejen la puerta abierta; a mis dieciséis años me sigue incomodando esa oscuridad tan intensa que proviene de las habitaciones cerradas a medias. Apreté los puños con fuerza a mi costado y caminé lo más rápido posible, sin mirar atrás. Escuché unos pequeños arañazos provenientes del baño, «tranquilízate – me dije a mí misma – solo es el gato haciendo de las suyas y la oscuridad es simplemente la falta de luz, no hay nada».
Cada vez comenzaba a inquietarme más y más hasta que, casi sin darme cuenta, llegué a mi habitación. La calidez de mi cuarto me reconfortó en cierto modo pero también hizo que advirtiera la diferencia de temperatura entre mi espacio y el resto de la casa. «El despistado de mi hermano otra vez, seguro que se ha dejado alguna ventana abierta».
Me metí en la cama, me cubrí con un par de sábanas e intenté conciliar el sueño; ya había tenido suficiente estrés por una noche.
________________
Dos horas después, un grito procedente de la cocina me despertó. «¡Mierda! Debí recoger esos dichosos cristales.»
Caminé torpe pero velozmente hacia la fuente del sonido. Los gritos, que parecían ser de mi madre, eran tan estridentes que me sorprendió que nadie se levantara para ver qué estaba sucediendo. Estaba a unos pasos de ella cuando me di cuenta de la exagerada cantidad de sangre que había en el suelo. Me asusté muchísimo y, cuando toqué el hombro de mi madre, ésta dejó súbitamente de gritar.
— Mamá... — me aclaré la garganta, nerviosa — ¿Éstas bien?
—...
Nada. Solo silencio por su parte.
Insistí un par de veces más hasta que, temerosa por no recibir respuesta, decidí ponerme frente a ella. Terrible error.
Lo que vi era un cuerpo sin vida. Dos abismos ocupaban el sitio donde habían estado sus ojos y sangre supuraba de su vientre. Su boca formaba una extraña y terrorífica mueca.
Me quedé inmovilizada por el horror mientras las lágrimas comenzaban a correr por mis mejillas. «¿Cómo habría sucedido esto? Si hasta hacía unos minutos ella profería sonidos de dolor. ¿Quién lo hizo? No, no, no, ¡no! Debe ser una pesadilla, ¡tiene que serlo!» Corrí al cuarto de mi hermano mayor. Necesitaba... no lo sé, algo, quería convencerme de que esto no era real.
Abrí su puerta con violencia, sin importarme si le despertaba, y me acerqué a su cama. Estaba recostado de lado así que lo giré para que quedara boca arriba. Segundo error fatal. Cuál fue mi desagradable sorpresa al darme cuenta de que le faltaba la mitad del rostro. Su único ojo se mantenía abierto, me miraba fijamente con terror y confusión. Quité las mantas que cubrían su cuerpo para descubrir un espectáculo aún más macabro... Fue asqueroso, le faltaban los dedos de los pies y de las manos, tenía muchas heridas en las piernas y algo, quizás un hueso, salía de una de sus rodillas. Lo único que pude hacer fue alejarme lentamente de allí. Vomité sin control al tiempo que lloraba.
No quería ir a la habitación de mis padres, seguramente algo macabro estaría esperando a ser descubierto, pero aún así no podía dar nada por sentado, quizá mi padre podría estar aún con vida... quizás podría comprender qué estaba sucediendo allí.
Salí temerosa de la habitación, pero esta vez había algo diferente. Me sentía... observada. Las estúpidas lágrimas que brotaban de mis ojos no me dejaban ver nada así que tenía que caminar con cautela.
Para ir al cuarto de mis padres tenía que pasar por la cocina y no quería volver a ver el cuerpo de mi madre, no podría soportarlo. Caminé evitando mirar en aquella dirección, solo alcancé a visualizar un bulto tirado en el suelo. 
La puerta estaba entreabierta. Miré hacia dentro como pude, entre tanta oscuridad no distinguía nada. Me acerqué un poco más y pude divisar un par de brazos en medio de un charco escarlata: era mi padre. 
Eso era todo, solo quedaba yo con vida, «¿quién se atrevería a hacerle esto a una familia?, nosotros no teníamos problemas con nadie, no teníamos deudas, no había nada que pudiera explicar el porqué de este ataque tan vil. Pero las cosas no acabarían así, ¿cierto?» Era verdad, no estaba sola en casa, allí había alguien más.
Hubiera podido llamar a la policía si tan solo hubiera pagado el saldo del teléfono hace un par de días. «Estoy atrapada. Seré la siguiente». En aquellos momentos no sabía si era mejor seguir fingiendo que estaba calmada o entregarme a la locura que me estaba comiendo por dentro. Estaba aterrada.
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No sabía cuánto tiempo había pasado y ya no podía soportarlo más. Ruidos llegaban a mis oídos de todas partes, voces incomprensibles me pedían hacer cosas innombrables, tenía arañazos en la piel, no sabía quién estaba haciendo aquello, estaba... al borde de la locura. «¿Por qué aún no amanece?»
«Tengo que huir, tengo que hacerlo, de lo contrario perderé la cordura que me queda aquí.»
— No puedes escapar de aquí.
Una voz femenina rompió el silencio que reinaba en la sala. «Es ella»
— ¿Quién eres?, ¿qué quieres de mí?, ¿por qué lo hiciste?
Silencio. Seguí cuestionando pero esa voz no respondía, parecía como si se hubiera ido, pero seguía allí, mi instinto me lo decía. Estaba presa del pánico, nerviosa, llena de desesperación, hasta que una idea cruzó por mi mente. «Aún me queda una salida.»
— ¿La muerte? Ni en el infierno te librarías de mí. — Rió la voz de forma diabólica — Pero anda, puedes intentarlo, tu desesperación me divierte.
— ¿Por qué sigo con vida?, si vas a matarme hazlo de una vez — mi voz se quebró — ¡Por favor!, por...favor, n-no puedo más... 
De repente, sentí cómo unas garras invisibles desgarraban mis brazos, me empezaba a desangrar. Estaba llegando a una especie de éxtasis, aquella era mi salvación y creía que todo acabaría allí pero justo en ese momento ella se reveló. La ira se apoderó de todo mi ser. Quería darle un puñetazo, quería hacerlo por toda mi familia, pero ella detuvo mi mano.
— No sabes lo que éstas haciendo — me susurró de forma demoníaca.
Esas palabras me erizaron la piel. Aterrada, corrí lo más lejos que pude. Mi hora había llegado. Tenté a la suerte. Podría haber escapado de la insania que prácticamente ya se había apoderado de mí si no fuera por mi estúpido impulso vengador. 
Alargué mi tortura encerrándome en el baño, que era el refugio más cercano. Encendí la luz, algo estúpido teniendo en cuenta lo que se avecinaba. En la bañera había una pierna, supuse que de mi padre y, junto a ella, el cuerpo de mi gato, sin pelaje ni piel; el músculo estaba a la vista y le faltaban todos los dientes.
Esa fue la gota que colmó el vaso. Lo poco que me quedaba de calma y de cordura se esfumó. Me perdí a mí misma entre gritos, lágrimas, sangre y vómito.
Cerré los ojos.
Se escuchó como si golpearan una ventana. Miré a todos lados, parecía que aún no me había ido del todo, aún estaba consciente. El ruido se escuchó otra vez, venía del espejo que estaba sobre el lavamanos. Una lluvia de cristales saltó sobre mí, alguien se asomó por el espejo roto y me miró fijamente con una sádica sonrisa. Era yo.
— ¿Al fin lo recuerdas?
— ¿A qué te refieres?... — contesté como si aquello fuera lo más normal del mundo.
— A lo que hiciste.
— ¿Qué hice?
— Matarlos — dijo extendiendo los brazos y señalando el macabro desastre que reinaba en la casa.
— Yo no he hecho nada, fuiste tú.
— Yo soy tú, pero tú no eres yo. Soy la peor parte de ti, tu lado oscuro. ¿Ya has olvidado cómo disfrutaste matándolos?
Era cierto. Ella, mi reflejo, tenía razón. Había olvidado cuánto me divertí jugando con ellos. Sobre todo con el imbécil de mi hermano, ya era hora de devolverle el favor. Aún recuerdo su cara cuando me vio entrar en la habitación con el cuchillo. –Una risa histérica brotó de mi garganta y rompió el silencio sepulcral que inundaba la casa. - Sus gritos fueron la mejor sinfonía que he oído jamás, incluso se disculpó por todas esas veces que, siendo niña, me asustaba con historias y juegos estúpidos. Ja, como si eso lo fuera a salvar.
Mis padres también obtuvieron su merecido, por supuesto. Nunca llegaron a llamarle la atención a mi hermano ni una sola vez, se limitaban a mirarse entre ellos, riendo y diciendo “cosas de niños”. Por no hablar de lo que me hubieran hecho si les hubiera dejado con vida, no podía permitir que se fueran de rositas; habían visto demasiado, habían visto a mi verdadero yo. Y claro, una vez muertos, no pude resistir la tentación de jugar a mi juego favorito. El único inconveniente es que toda la casa ha acabado llena de sangre y algunos miembros repartidos por ahí, pero mereció la pena. Al gato tan solo lo desollé por mero ocio, estaba aburrida. Pero, con algo tenía que practicar, ¿no?
Mi reflejo jamás me ha mentido, fue el único que siempre me apoyó. Agradezco sus consejos, ya que no podría haber hecho todo esto sin ella. Y no, no me arrepiento, no nos arrepentimos de nada, es más, si tuviéramos la oportunidad, lo repetiríamos sin dudarlo. Esto es lo más divertido que he hecho en mi vida. Antes era una persona normal, una niñata aburrida y sensible que no era consciente de todo lo que escondía. Pero eso ha cambiado. Ahora soy alguien más.
Arianne Battlewright.

XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: TERCERO Y CUARTO DE ESO. 
SEGUNDO PREMIO: SANTIAGO GARCÍA CALLEJO (3º ESO B).

EL ESPÍRITU DE LOS BOSQUES

En un reino llamado Sameralia, había una leyenda relacionada con un extraño caballero que llegó a una taberna una cálida noche de verano del año de nuestro Señor de 1078.
Todo empieza cuando aquel misterioso caballero entra en una taberna y se sienta a una mesa alejada y con gran oscuridad; las miradas le caen encima como un halcón sobre su presa. De repente, el tabernero le pregunta:
- ¿Qué… qué hace por estos lares?
- He venido a esta taberna para comer, beber y descansar del viaje desde Manfredinia hasta esta tierra de Sameralia- contestó el misterioso caballero.
El tabernero insiste en su curiosidad, pero el caballero, con un mohín en su cara, no le responde; ante esto, los presentes se levantan con los puños en alto, con claras intenciones de pegar al descortés visitante. Conforme se iban acercando sus nuevos amigos, el caballero grita:
- ¡Stabant Autem Tempore!
En ese instante, sus atacantes se quedan inmóviles, cual estatuas, sin ser conscientes de que las extrañas palabras del caballero habían detenido el tiempo, aunque no para él, que se podía mover entre ellos sin que le pudieran hacer nada. Como si hubieran sido víctimas de un hechizo demoníaco.
El caballero abandona tranquilamente la taberna por la entrada principal y, una vez en la calle, profiere un aullido terrible como el de un lobo rabioso, que es respondido por un infernal relincho, apareciendo en ese momento un unicornio negro sobre el que nuestro misterioso personaje abandona al galope el lugar, adentrándose en las entrañas del bosque.
Lejos, muy lejos de allí, en un castillo que se alza sobre una montaña como la columna de un templo, dentro de la sala del trono, un rey moribundo reposa sobre su lecho de muerte. Sus tres hijos están junto a él y comienza a narrarles la leyenda por la que después de su muerte heredarían el reino.
- Hace mucho tiempo, antes que yo, hubo un rey que tenía a sus órdenes un caballero tan leal que, en agradecimiento por sus innumerables servicios y una vida de sacrificio y de tantas batallas ganadas en el pasado, le dio la mano de su única hija.
»Un día en el que el caballero y su amada paseaban por el bosque, un horrible dragón les atacó, separando a la dama de su amado, y a pesar de la resistencia que este le opuso, tras el rapto, la bestia devoró a la princesa en su inmunda guarida.
»El caballero lloró y lloró, hasta que el bosque se inundó y de las aguas de sus lágrimas surgió un espíritu que le hablo así:
- No tengo nombre, aunque algunos me llaman el Espíritu de los Bosques y estoy aquí para apaciguar tu pena.
»El caballero contestó:
- Ya no siento pena, sino deseo de venganza por la muerte de mi amada a manos de esa repugnante bestia.
»El Espíritu le dice:
- Si es venganza lo que quieres, yo puedo dártela gracias a mis particulares poderes. Puedo convertirte en un caballero tan poderoso que pueda destruir ejércitos únicamente blandiendo su espada, sólo con la fuerza de su brazo diestro. Puedo darte el poder de detener el tiempo y viajar en él y puedo hacer que tengas la destrucción en tus manos, pero tienes que hacer algo por mí a cambio.
- ¿De qué se trata?- contestó el caballero.
- Deberás vivir en la naturaleza, en el bosque- respondió el Espíritu.
- Acepto- sentenció el caballero.
»En ese mismo instante, el Espíritu adoptó la forma de un unicornio negro, el caballero se montó en él y siguió el camino de la venganza».
Cuando el rey terminó su relato pronunció gravemente sus últimas palabras:
- Quien consiga derrotar al apenado caballero de la leyenda, heredará Sameralia- tras lo que exhaló su último suspiro.
Confusos, los tres hijos decidieron dividirse para encontrar al legendario caballero. 
El primogénito, Manfred, se dirigió al bosque de Wilcork, que estaba junto a un pueblo embrujado según las antiguas leyendas paganas. Llegó al pueblo escoltado por su guardia personal. A sus puertas, se encontró con una anciana a la que preguntó sobre la leyenda del caballero de los bosques. La anciana, mirándole a los ojos, le respondió:
- La muerte se cierne sobre todos nosotros. Él vendrá y nos matará a todos en venganza por la muerte de su amada.
De repente, una flecha segó la vida de la anciana, que se desplomó sobre su estribo derecho. Provenía de una colina cercana, sobre la que apareció la figura de un caballero con un arco, a lomos de un unicornio negro, que, instantes después, desapareció del horizonte sin dejar rastro.
Incrédulo, Manfred, murmuró para sí mismo:
- La leyenda es cierta.
Tras este suceso, él y sus hombres entraron en el pueblo para pasar la noche.
En otro lado del reino, cerca del pueblo de Carré, el segundo hijo del rey, de nombre Octavius, cabalgaba junto a sus hombres en dirección al bosque de Eco, en el que se decía que los aullidos de las almas en pena resonaban en el aire. Entrando en el pueblo, un campesino salió corriendo de la plaza. En ese momento apareció un caballero cabalgando sobre un unicornio negro, que desenvainó su espada, hundiéndola en la espalda del campesino, quien fue levantado en alto, como empalado en la hoja de acero, desapareciendo junto al caballero en la espesura del bosque.
Impresionado, Octavius se dirigió al castillo del señor feudal de Carré. Al entrar en él, se encontraron a muchas personas inmóviles, cual estatuas, aunque no muertas, en posición de estar huyendo. Pero muchos otros yacían muertos, incluido el señor de Carré. Octavius decidió pasar la noche dentro del castillo, no sin antes organizar una guardia nocturna.
En el extremo norte de Sameralia, el hijo pequeño del rey cabalgaba solo, sin ninguna escolta por su propio deseo, con la única protección de su armadura, su escudo y su espada, hacia la abadía de Zafón, encontrándose junto a ella un sangriento combate entre dos señores de la comarca y sus respectivas huestes. A lo lejos, distinguió a un caballero que galopaba hacia el combate sobre un horripilante unicornio negro. Cuando llegó al centro de la refriega, sin distinción de bando alguno, el impresionante caballero, de un solo golpe de su espada acabó con la vida de más de cincuenta hombres. Así continuó, diezmando a los guerreros de ambos partidos, de modo que acabó siendo el único superviviente de la batalla. Momentos después, el misterioso jinete cabalgó hacia un bosque próximo, conocido como Bosque Umbrío.
Cristian, que así se llamaba el benjamín de los tres hermanos, era inteligente y nada avaricioso, al contrario que sus dos hermanos mayores, que eran egoístas y de mal corazón.
Tras la desconcertante aparición, se dijo a sí mismo: «Pasaré la noche en la abadía y continuaré mi viaje mañana. Me temo que el misterioso personaje que he visto en la batalla será el rival a quien me tendré que enfrentar para heredar el reino de mi padre».
Así, los tres hermanos tuvieron contacto con el caballero de los bosques, y ante cada uno de ellos había realizado una acción diferente, cada cual más terrible o asombrosa. Lo que no sospechaban era que les acechaba una negra desgracia: la venganza del caballero de los bosques.
A la mañana siguiente, Manfred se dirigió con sus hombres hacia el interior del bosque de Wilcork. Cuando entraron se sentían indefensos, pues se daban cuenta de que se adentraban en territorio del fantasmal caballero, lo que les producía un terrible miedo. Además, la leyenda afirmaba que este podía oler el miedo de los hombres. De pronto, el horrible personaje, saliendo de la nada, atacó a la fuerza de Manfred, llevándose consigo a dos de sus hombres, como visto y no visto. Tras esto, apareciendo una y otra vez, todos los guardias de Manfred se desvanecieron en la espesura, excepto uno que consiguió escapar, quedando el príncipe solo e indefenso en el medio del bosque. Se adivinaba su final.
De repente, una negra bruma se evaporó desde el suelo, transformándose en la figura del caballero, quien se dirigió a Manfred con estas palabras:
- Sé a qué has venido y para qué me buscas. Pero no eres digno de este reino, y pagarás con tu vida por mi venganza.
En ese instante, se lanzó hacia él empuñando su negra espada y separó la cabeza de Manfred de su cuerpo. El guardia huido se dirigió hacia el bosque de Eco, llegando a tiempo de relatar a Octavius lo que le había sucedido a su hermano mayor.
Octavius, que se encontraba esa mañana internándose en el bosque de Eco, se encontró con la aparición del día anterior, el caballero misterioso, quien se le cruzó en su camino con intenciones hostiles. El príncipe y su escolta desenvainaron las espadas y se aprestaron a cargar contra el caballero, sabedores de cuál había sido el destino de Manfred y sus hombres. Ellos venderían caras sus vidas.
Sin embargo, el oscuro personaje mediante un hechizo hizo brotar de la tierra raíces que adoptaron la forma de espectrales guerreros, que luchando contra los hombres de Octavius, los exterminaron uno a uno, dejando al príncipe solo y a merced del caballero de los bosques.
Al igual que a su hermano Manfred, el caballero se dirigió a Octavius en estos términos:
- Sé a qué has venido y para qué me buscas. Pero no eres digno de este reino, y pagarás con tu vida por mi venganza.
En ese instante, se lanzó hacia él empuñando su espada en llamas, hundiéndola en su pecho, y quedando calcinado el cuerpo de Octavius.
El príncipe Cristian había abandonado esa mañana la abadía de Zafón, en dirección al Bosque Umbrío. Cuando se encontraba dentro de él, se topó con un rastro de huesos humanos, y dedujo que no podían ser más que de otros que se habían aventurado a entrar en el bosque y nunca habían regresado. Los frailes de la abadía le habían contado que incluso el caballero de la leyenda temía entrar en el Bosque Umbrío. A pesar del miedo que sentía, picó espuelas y continuó. 
De repente, los fantasmas de aquellos cuyos huesos encontró se le aparecieron. Se trataba de unos caballeros de tiempos pasados que le dijeron:
- Somos los espíritus de aquellos que cayeron en este bosque a manos de otro caballero más poderoso y más bravo guerrero que nosotros. Y somos los guardianes de la espada llamada Gamberdorf; quien la blanda será capaz de destruir a los espíritus de los bosques y sus servidores. Estos últimos son hombres que fueron engañados, con el pretexto de proteger los bosques a cambio de poderes sobrenaturales, aunque en realidad, no fueron más que esbirros que condenaban su existencia a hacer el mal.
Cristian se ofreció a estos caballeros fantasmales como su adalid, para empuñar a Gamberdorf y poder destruir al caballero de los bosques y, por tanto, a acabar con el poder de los espíritus de los bosques. Los fantasmas le entregaron la poderosa espada y le revelaron que el oscuro caballero al que buscaba se encontraba en el bosque de Eco.
Cuando por fin llegó al bosque de Eco, el caballero de los bosques le salió al paso, ofreciéndole combate. Tras un intercambio de sobrenaturales golpes de acero, Cristian consiguió desarmar a su oscuro adversario, pues de un certero golpe con Gamberdorf contra la espada de su oponente hizo a esta mil pedazos.
El caballero se dirigió a él con las siguientes palabras:
- Me has vencido. Sólo queda que traspases mi cuerpo con tu espada y podrás heredar el reino de tu padre, pues a diferencia de tus hermanos, eres digno de ello.
Cristian le contestó:
- La leyenda puede cambiar. No te mataré, sino que a cambio de tu vida, te permitiré seguir viviendo en los bosques con la promesa de que serás su guardián y protector. Velarás por que los hombres de ahora y de tiempos futuros cuiden y respeten la naturaleza.
El caballero prometió que así lo haría. 
Cristian reinó, por tanto, como nuevo soberano de Sameralia, felizmente durante setenta años, junto a su reina y sus siete hijos.
Desde entonces, un espíritu cuida de la naturaleza.

XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: TERCERO Y CUARTO DE ESO.
MENCIÓN HONORÍFICA: VIOLETA DÍAZ RECIO (3º ESO B).

Sola. Completamente sola. Nadie que me acompañe en esta soledad. Pues claro, tonta, si no, no se llamaría soledad, sería una soledad acompañada, lo que quiere decir que ya no estarías sola al completo. Este tipo de pensamientos hace que sea una persona diferente. 
Una vez leí una frase en un libro que decía ‘debo de estar loca por sostener una conversación conmigo misma’. Me siento identificada con esta frase. De todos modos, ¿con quién más voy a hablar, si estoy sola? Lo más lógico es que conmigo misma, creo, por lo cual no estoy loca. No, señor, no estoy loca, estoy muy cuerda.
Debo huir. Si no tengo a nadie con quien pasar los días, debo huir de este infierno llamado sociedad, donde no soy aceptada. Debo huir hacia un lugar donde sí lo sea. Quizás a los bosques, a no ser que los animales se comporten como humanos y tampoco ellos me acepten. Pero no lo creo. Los animales no suelen tener prejuicios. Debo huir hacia los bosques, está decidido. Cogeré toda clase de material necesario para no morir, que tampoco eso lo deseo. Porque la vida es bella, aunque sea pasada en soledad, aunque sea pasada sin gente que te quiere por ser como eres, por culpa de tus anormalidades. Ser una persona de cabello gris, natural, pero no anciana. ¡Ah! ¡Anciana!  Miles de veces llamada ‘anciana’, a pesar de que tan solo tengo pocos años. Tampoco ayuda demasiado tener los ojos ámbar, como el color de los semáforos. ¡Ah! ¡Semáforos! Miles de veces llamada ‘semáforo’, a pesar de que soy humana. O al menos eso creo. Tal vez por mis colmillos y la uñas largas, eso de que no me acepten. Miles de veces llamada ‘animal’, ‘bicho’, ‘anormal’ y otras tantas palabras llamadas insultos.
Fui al dentista para arreglar lo de los dientes, o al menos para informarme del porqué tengo tan largos los colmillos, pero el muy idiota del dentista me dijo que no era nada grave, que podía irme a mi casa. Estoy casi segura de que lo dijo para que me fuera de una condenada vez. Fui a un salón de belleza para arreglar eso de las uñas, que no se pueden tener más afiladas y más duras, pero la muy tonta de la estilista me dijo que no se podía hacer nada para arreglar lo que tenía por uñas, o más bien garras, que podía irme a mi casa. Estoy casi segura de que lo dijo para que me fuera de una condenada vez.
Nadie me quiere, ni siquiera la prima de mi madre, que es la señora que me cuida. Mi madre murió cuando yo nací, o al menos eso es lo que dice mi tía (si es que así puedo llamar a ese ser llamado Bernice Mathews), aunque puede que se mudara al ver los ojos de su hija, y así no sufrir una vergüenza cada vez que alguien le preguntara si es hija suya. Mi padre se separó de mi madre al saber que iba a tener un bebé, él odia los niños, o al menos eso es lo que dice mi tía.
En el instituto nadie se acerca a mí por mi aspecto, y eso que me han cambiado tres veces de colegio y una de instituto. Nunca he tenido un amigo, y mucho menos novio. Nunca me he enamorado, tampoco tengo intenciones. De todos modos nadie se fijaría en mí. Bueno, sí, para mirarme con mala cara. Bernice quiere cambiarme otra vez de instituto, pero eso no va a cambiar nada, todos me tratan igual, incluso los profesores. Resumamos la historia: quiero irme de la ciudad porque nadie me quiere y estoy sola. Cojo la comida necesaria, un mechero, una navaja suiza, una tienda de campaña, un saco de dormir, el móvil, la guitarra y ropa suficiente y me voy. Espero no dejarme nada. Eso supondría un grave problema, porque no quiero volver.  En el bosque se está a gusto: los animales no me rehúyen y el tiempo está agradable. He montado la tienda de campaña en una zona llana cercana a una laguna, para poder bañarme cuando sea necesario y he instalado un fuego para calentar algo de comida. Me levanto en medio de la oscura noche, algo me ha despertado. Siento una potente necesidad de salir a ver el lago, y no entiendo el por qué. Me estoy asustando, no tengo el control de mi cuerpo, ya que salgo a ver la laguna. Está preciosa: un color azul marino invade sus aguas y la luna y las estrellas están reflejadas en ellas, haciendo que parezca que la noche está dentro de ellas. Necesito entrar en esta laguna. Lo necesito. Al final introduzco mi cuerpo en las oscuras aguas de la laguna, aunque para mi sorpresa, las aguas no mojan mis ropas ni mi cabello. Siento como si en vez de ser agua, fuese aire esta laguna. Una ráfaga de viento, o agua (ya no sé ni qué es) tira de mi pierna con fuerza. Intento salir, pero no puedo: la corriente me impide salir agarrando mi pierna más fuerte, como si quisiera que me ahogase allí dentro. Mis esfuerzos no valen para mucho, y pronto me voy cansando. Creo que me voy a rendir. Finalmente me rindo y el reflejo de la noche me absorbe. Empiezo a girar cada vez más rápido y a ver luces de todos los colores hasta que caigo sobre un suelo blando. Consigo abrir los ojos y miro a mi alrededor: un gran desierto de arena blanquecina y azulada me rodea en kilómetros a la redonda, comiéndose el horizonte.
Mi cuerpo está ardiendo, pero siento frío en mi interior. De repente siento un pinchazo en el interior de mi cabeza que aumenta a la velocidad a la que pasan los segundos hasta el punto de desmayarme.
He sido despertada por un chorro de agua fría procedente de un cántaro. Intento averiguar quién me ha sacado de este dulce tormento llamado sueño, y descubro a una chica que aparenta mi edad, vestida con unas preciosas telas indias.
-Buenos días, Vanessa. Mi nombre es Casandra y vengo a enseñarte todo esto -dice la joven india señalando lo que parece ser una ciudad, una ciudad deshabitada. 
-¿Cómo es que sabes mi nombre? -pregunto con curiosidad.
-En esta ciudad todos lo saben. 
-¿Qué quieres decir con ‘todos’? ¿Acaso hay alguien más aquí?... No has respondido a mi pregunta. ¿Es que hay alguien más aparte de ti? –pregunto con impaciencia.
-En esta ciudad todos lo saben. Es el destino. Vanessa debía venir para salvar a la ciudad.
-¿Salvar de qué?
-De la soledad.
-Yo estoy sola. Si no me puedo salvar a mí misma de la soledad, no podré salvar toda una ciudad.
-Vanessa debe salvar a la ciudad de la soledad.
Me cansé de discutir con esta extraña chica y dejé que me enseñase la condenada ciudad. Es una ciudad realmente preciosa: las luces y los colores fríos de los edificios la hacen parecer una ciudad procedente de un mundo de fantasía. Da vértigo mirar todos estos altos edificios llenos de luces y vidrieras de colores. Pasamos por calles de todos los tamaños: calles altas, calles bajas, calles estrechas, calles anchas, avenidas, callejones, pero sigo sin ver a ningún habitante.
-Vamos a entrar en palacio.
-¿Qué palacio?
-El palacio. Tu palacio.
La manera de hablar de esta chica empieza a enfadarme levemente, pero a la vez me recuerda a alguien. Al pasar la última calle (una gran avenida llena de árboles frutales), se puede contemplar un gran palacio blanco, como los palacios de princesas que se ven en películas. El interior no es menos impresionante. Una gran sala blanca con paredes de estanterías repletas de libros y con ventanas para que entrase la clara luz se alza ante nosotras. Una cama enorme con mosquiteras de tul ocupa el centro de la sala. A la derecha de la enorme cama se encuentra una mesa blanca, por supuesto, con bordados en plata y una silla igual, y a la izquierda un enorme armario del color que pueden imaginar. Me fijo en la mesita pequeña con una urna de cristal que contenía una llave plateada que hay junto a la cama.
-Se abrirá cuando hayas salvado la ciudad.
-¿Cómo puedo salvarla?
-Salvándote a ti misma –la joven dijo esto y cerró las puertas plateadas del castillo, dejándome encerrada aquí.
No sé cómo voy a salir de aquí, ni tampoco cómo salvar la ciudad.

XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: BACHILLERATO Y CICLOS F.P.
PRIMER PREMIO: GABRIEL FERRERAS GARRUCHO (2º BACH. A).

SUMMER SHOWERS

Lluvias de noviembre,
entre versos calientes
y una sonrisa fría.
A lo lejos, se va la tormenta,
nubes planas y altas
que huyen de un cielo
en borrasca negra y árida.
Canciones de otoño
y estrofas de invierno creciente.
La luna no se atisba
entre las estrellas ardientes.
A lo lejos, muertos en el aire,
se abalanzan sobre los vivos,
y les rompen los tobillos.
Dos niños se resbalan en la lluvia,
y sus padres bebiendo en un bar
con las paredes sucias de moho
y un viejo que cuenta historias 
de una guerra inexistente
y cuatro amigos siniestros.
Gritos ahogados bajo el torrencial.
No puedo soñar mientras la luna no se vaya.

XXVI CONCURSO LITERARIO. CURSO 2016-2017.
CATEGORÍA: BACHILLERATO Y CICLOS F.P.
SEGUNDO PREMIO: JULIA BENÍTEZ MARTÍN (1º BACH. B).

Quise entrometerme en los recovecos
de aquello etéreo e inmutable
con diferentes nombres,
una sola puerta para diferentes llaves,
y así descubrí el egoísmo del hombre,
resumiendo el amor en porciones dobles,
cargando en sus hombros el hambre
causada por ellos mismos,
no cesan de retroalimentarse de su propio hedonismo
alejando cada vez más de sí el último aliento,
atrayendo al vacío,
dibujando sobre escalas de grises un rosa marchito.
Con los ojos cerrados pretenden conocer el destino
y no hacen más que moverse con el viento,
todo tendrá su tiempo perfecto... Poner fin al hastío.
Buscan el amor propio en clones
y olvidan inspeccionar sus trabas...
Al fin y al cabo nunca supe ser agua,
solo partir los moldes.